Para este reto he escogido una experiencia personal: la discriminación laboral que vivió una compañera hace cuatro años.
Irene tenía 33 años y trabajaba en la misma empresa desde hace 10 años.
Había desarrollado su carrera profesional en esta empresa desde su primer
contrato de prácticas y nunca había tenido ningún contratiempo, al contrario,
sus responsables habían impulsado su carrera hasta su actual puesto de
responsable en el departamento de cuentas.
Irene tuvo un hijo y tras la incorporación a su puesto de la baja por
maternidad empezó a observar un cambio en la actitud de la empresa. Dejaron de
promocionarle, de asignarle las grandes cuentas de clientes que implicaban una
mayor dedicación y de contar con ella para las reuniones importantes que
convocaban a última hora y se alargaban más allá de la jornada laboral. La
empresa estaba obstaculizando su progresión profesional bajo la justificación
de que ahora ella, como madre, disponía de menos tiempo y sus prioridades eran
las necesidades familiares y no su carrera laboral.
Con este comportamiento por parte de la empresa se evidencian los prejuicios que existen hacia las mujeres y madres trabajadoras, la discriminación que sufren hoy en día por el simple hecho de ser madres debido a la creencia de que la maternidad implica una disminución en su productividad y dedicación. Se trata de la aún tan presente concepción de que las responsabilidades familiares recaen sobre la madre y no sobre el padre. De esta forma, se frena el progreso hacia la igualdad de género, se discrimina a la mujer y se le obliga a elegir entre tener hijos o poder desarrollar su carrera profesional.
La discriminación por maternidad
se trata de una forma de discriminación directa por razón de sexo. Se restan
sus responsabilidades y se cuestionan sus capacidades laborales sin que exista
ningún criterio objetivo, solo el hecho de haberse convertido en madre. También sufre ejemplos de discriminación indirecta, decisiones
aparentemente neutrales como planificar reuniones en horarios fuera de la
jornada laboral que perjudican a Irene excluyéndola de poder asistir debido a las
responsabilidades familiares que tiene después del trabajo.
La maternidad supone un obstáculo para el desarrollo profesional de las
mujeres. A pesar de que la ley prohíbe la discriminación por razón de sexo, la
realidad es muy distinta: las mujeres trabajadoras en España cobran un 20%
menos que los hombres y, según el estudio del Banco de España "The Child Penalty in Spain", la
maternidad genera una brecha del 28% entre los ingresos de las madres y los de
los padres. Es decir, la desigualdad
laboral se acentúa aún más con la maternidad.
En primer lugar, es fundamental la concienciación
social sobre la igualdad y la
corresponsabilidad para fomentar el reparto equilibrado de los cuidados de
los hijos entre madres y padres. Para evitar la discriminación por maternidad
hay que empezar por eliminar el rol de la mujer como la persona en la que
recaen las cargas familiares.
Por otro lado, las empresas deben implementar planes y medidas de conciliación que ayuden a compatibilizar la maternidad y paternidad con el desarrollo profesional. Hay que crear modelos de organización del trabajo que permitan flexibilizar las jornadas laborales y adaptar los horarios para facilitar la conciliación de la vida familiar y laboral. No consiste sólo en ofrecer permisos como la reducción de jornada o la excedencia donde hay que renunciar a parte del sueldo o poner en suspenso la carrera profesional, se trata de crear nuevas fórmulas de organización del tiempo de trabajo que permitan la conciliación tanto para hombres como para mujeres y dejar atrás la mentalidad de que estos cambios van a implicar un descenso en los beneficios empresariales. Al contrario, el bienestar de los trabajadores y la optimización de los recursos humanos siempre van a repercutir en una mejora en su rendimiento y, en consecuencia, en la rentabilidad de la empresa.
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