Para este reto he escogido una experiencia personal: la discriminación
laboral que vivió una compañera hace cuatro años.
Irene tenía 33 años y trabajaba en la misma empresa desde hace 10 años.
Había desarrollado su carrera profesional en esta empresa desde su primer
contrato de prácticas y nunca había tenido ningún contratiempo, al contrario,
sus responsables habían impulsado su carrera hasta su actual puesto de
responsable en el departamento de cuentas.
Irene tuvo un hijo y tras la incorporación a su puesto de la baja por
maternidad empezó a observar un cambio en la actitud de la empresa. Dejaron de
promocionarle, de asignarle las grandes cuentas de clientes que implicaban una
mayor dedicación y de contar con ella para las reuniones importantes que
convocaban a última hora y se alargaban más allá de la jornada laboral. La
empresa estaba obstaculizando su progresión profesional bajo la justificación
de que ahora ella, como madre, disponía de menos tiempo y sus prioridades eran
las necesidades familiares y no su carrera laboral.